El pasado martes se realizó la última sesión del Concejo Municipal de Colina. En la oportunidad, en la sección Varios de la tabla se analizaba la introducción de un nuevo proyecto de Plano Regulador Comunal al sistema de evaluación ambiental.
Previo al análisis y cuestionamientos de los concejales sobre esta materia, el Secretario del Concejo Comunal, advertido por el Alcalde Mario Olavarría, procedió a notificar a la prensa presente en el recinto que estaba impedida de tomar registro de la sesión pública que se desarrollaba.
Ante este hecho, los concejales Alejandra Bravo y Nicolás Pavez solicitaron al alcalde rectificar la medida y consultaron sobre la legalidad de ella. En medio de cantinfleos, el alcalde señaló que no era posible realizar registros de respaldo de las declaraciones que allí se emiten, señalando que la grabación oficial es la del concejo y que “es bueno que la versión oficial que salga es la que está grabada”. “No corresponde que grabe” la prensa, sentenció, pese a que aclaró sobre la marcha que no hay ninguna ordenanza al respecto.
Como la versión de Olavarría no convenció, el concejal Pavez solicitó consultar a la Contraloría General de la República.
Sin embargo, el alcalde continuó su explicación, señalando que en la pasada cuenta pública, realizada hace una semana, él mismo había emitido una información que había sido sacada de contexto y más tarde desmentida a través de la prensa nacional. “Al final, ¿qué es lo que pasa cuando se graba?, la gente se inhibe”, explicó.
Pues bien. Llama la atención la medida ordenada por Olavarría, cuando se trata de la sesión pública de una institución que representa a la comunidad toda y de la cual, la mayoría de las veces, los mismos vecinos no saben qué ocurre en su interior.
Un ciudadano cualquiera puede hacer su propia prueba de la forma en cómo funcionan los ritos del Concejo Municipal. Si el lector llega a realizar este ejercicio es posible que antes de ingresar a la sala del concejo el secretario municipal lo detenga y le solicite sus datos, explicándole que debe pedir autorización para su ingreso. Al menos, eso es lo que ocurrió la primera vez que este medio de comunicación trató de acceder a una sesión pública del concejo.
Si logra entrar, podrá escuchar al inicio de la sesión -tal como ha ocurrido desde enero hasta la fecha, en aquellas sesiones a las que ha accedido este medio-, que el acta de la sesión anterior nunca ha estado para aprobación. Nunca. Es más, revise la página web de la municipalidad y podrá encontrar que el último acuerdo del concejo es el del 15 de febrero. Las actas no están.
¿Esa es la inmediatez de la información que entrega el municipio? Si la información de las sesiones previas no está disponible para los concejales, dos semanas después, menos lo está para los ciudadanos, quienes, en mayor o menor medida, siempre se verán afectados por las decisiones que tome su concejo comunal, para un municipio que maneja millones de dólares de todos los ciudadanos.
Como se ha hecho una costumbre con autoridades acorraladas por el peso de las pruebas, nuevamente el rigor de las explicaciones defensivas derivan hacia la prensa, acusada de tergiversar la información y de trabajar de forma “poco profesional”.
El pasado martes Olavarría llegó molesto al concejo. Y con claridad explicó que su molestia estaba dada porque había sido desmentido sobre un anuncio que él mismo había realizado ante las máximas autoridades de la comuna y ante buena parte de la comunidad organizada.
En la sesión pública del pasado jueves, donde se entregó la Cuenta Pública y que fue transmitida a toda la población por una radio local –en ese caso sí se permite la difusión y registro por parte de la prensa-, Olavarría señaló que el Caracol Azul, la zona de entrenamiento del equipo de fútbol de la Universidad de Chile, se instalaría en el sector de El Algarrobal, para más adelante dar paso a un estadio. Y eso fue transmitido a toda la comuna de Colina.
Eso, también, lo escuchó el Gobernador Provincial, Isidoro Guitlitz, los diputados Patricio Melero y Gabriel Silber, la totalidad de los concejales, miembros de la fuerzas armadas y de orden y seguridad, dirigentes de organizaciones sociales y público en general. ¿De qué tergiversación habla Olavarría?
Al día siguiente, consultado nuevamente por este medio sobre el mismo tema, sólo se limitó a señalar que “lo dije porque uno se va de boca”. Esto último, frente a una grabadora y consciente de que se grababa. ¿Es esto una tergiversación o falta de profesionalismo de parte de la prensa? Escuche usted mismo esta declaración inédita presionando aquí.
En días pasados, Olavarría ha ofrecido terminar una divergencia invitando a un concejal opositor a “arreglar la situación” en la calle, algo que este mismo concejal evitó cuando alguna vez el alcalde quiso agredir, en el mismo concejo, a un periodista de este medio. Eso, estimados lectores, no es una declaración que usted verá en la información oficial emitida por el Secretario del Concejo Comunal, pero sí da luces de la descontrolada actitud de un alcalde. Por esa razón, la prensa es inoportuna para el Alcalde, porque sólo la prensa puede informar a la comunidad con datos que no encontrará en la versión oficial, con información, por ejemplo, capaz de describir la solitaria posición que tiene un Olavarría que observa con evidente desprecio a su concejo. Eso, tampoco se leerá en un informe oficial.
En días pasados, a este medio se le ha solicitado resguardar la seguridad personal por parte de la Fiscalía Local de Colina, instándosele a interponer una denuncia formal debido a palabras que fueron calificadas como amenazas por el fiscal. Esa son situaciones que no deberían existir, pero que han ocurrido por el sólo ejercicio de la profesión de periodista y por particulares interpretaciones de una autoridad que ha perdido el autocontrol.
Los periodistas no están para aplaudir una gestión, como tampoco para maquiavelismos políticos ni para hundir a un alcalde. Los periodistas están para dar a conocer la información a la comunidad -caiga quien caiga, si es que alguien debe caer-, en forma veraz, oportuna y clara. Quienes emiten palabras o realizan actos se harán cargo de ellos, pero nunca la prensa buscará ser protagonista de los hechos.
El pasado martes, una vez concluido el Concejo Comunal y frente a varias autoridades locales, un periodista de este medio ha sido gritoneado a garabatos, en plena vía pública, por parte del Alcalde de Colina. Ese hecho, primero que todo, es una ordinariez por parte de una autoridad. Es también una falta de respeto a un medio de comunicación que está tratando de realizar su labor con el poco o nada de información que entrega el municipio, el que, a la luz de los hechos y de las denuncias de los concejales, acostumbra realizar su gestión al amparo de cuatro paredes y de la nula transparencia.
No caeremos en el lenguaje destemplado del alcalde, pues la ley es muy clara en materia de transparencia y de acceso a la información pública. Pese a nuestra evidente molestia por las cortapisas que se ponen a nuestra labor, tampoco caeremos en el descontrol, pues la ley es clara y ampara a este medio en cuanto a la injustificada obstrucción a la información pública que se hace en Colina, nuestra comuna.
En el día de ayer el Diputado Gabriel Silber ha confirmado a este medio que no existen dictámenes de la Contraloría para avalar la postura de Mario Olavarría, en cuanto a impedir el registro y difusión de las sesiones públicas del Concejo Comunal. La Ley de Prensa es clara en este mismo sentido. Su artículo 36 señala que aquel que, “en el ejercicio de funciones públicas, obstaculizare o impidiere la libre difusión de opiniones o informaciones a través de cualquier medio de comunicación social, sufrirá la pena de reclusión menor en su grado mínimo o multa de cuarenta a cien unidades tributarias mensuales”.
Nosotros seguiremos informando, en la forma más profesional posible, mientras el alcalde no disponga lo contrario, dadas sus peculiares formas de interpretar las leyes. Lo que no haremos, porque simplemente así pareciera no funcionar el alcalde, será esperar disculpas públicas de parte de este descontrolado mandatario de la comunidad.
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